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El vino en el año internacional de la Dieta Medíterránea

Tutelar, defender, poner en valor y promover los productos agroalimentarios y el estilo de vida asociados a la Dieta Mediterránea, declarada por la UNESCO Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, es el objetivo de la iniciativa oficial por la que 2014 ha sido declarado Año Internacional de la Dieta Medíterránea.
El sector del vino, a través de su programa ‘Quien sabe beber sabe vivir’ se suma a la celebración de esta iniciativa y recuerda que se trata de un producto y un alimento que, consumido con moderación y durante las comidas, está considerado parte integrante de la Dieta Mediterránea.

Tan antigua como nuestra civilización

La antigua palabra griega ‘diaita’, de la que deriva dieta, significa estilo de vida equilibrada, y esto es exactamente lo que es la Dieta Mediterránea, mucho más que una pauta nutricional, ya que representa no sólo una dieta alimentaria sino también un estilo de vida saludable, un elemento que refuerza el sentimiento de pertenencia a una comunidad y contribuye a promocionar un territorio y su diversidad.
La Dieta Mediterránea es una valiosa herencia cultural, que a partir de la simplicidad y la variedad ha dado lugar a una combinación equilibrada y completa de los alimentos, basada en productos frescos, locales y de temporada en la medida de lo posible.
En el Mediterráneo, los alimentos no son meramente nutrientes. Las palabras de Plutarco en su obra Vidas Paralelas ilustran esta realidad:

 “Los hombres se invitan no para comer y beber, sino para comer y beber juntos”.

De este modo, cuando se habla de ingredientes de la dieta mediterránea, a la trilogía trigo, vid y olivo, a las legumbres, a las verduras, a las frutas, al pescado, a los quesos, a los frutos secos, hay que añadir un ingrediente básico: la sociabilidad.

Variedad y equilibrio

La Dieta Mediterránea se caracteriza por la abundancia de alimentos vegetales, como pan, pasta, arroz, verduras, hortalizas, legumbres, frutas y frutos secos; el empleo de aceite de oliva como fuente principal de grasa; un consumo moderado de pescado, marisco, aves de corral, productos lácteos (yogur, quesos) y huevos; el consumo de pequeñas cantidades de carnes rojas y aportes diarios de vino consumido con moderación y durante las comidas. 
Su importancia en la salud del individuo no se limita al hecho de que sea una dieta equilibrada, variada y con un aporte de macronutrientes adecuado. A los beneficios de su bajo contenido en ácidos grasos saturados y alto en monoinsaturados, así como en carbohidratos complejos y fibra, hay que añadir los derivados de su riqueza en sustancias antioxidantes.
Los científicos han puesto de manifiesto que este estilo de vida es beneficioso para la salud y el bienestar de las personas. Además, contribuye al mantenimiento de una agricultura sostenible y a proteger el medio ambiente.
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